Hay goles, y luego están los tiros libres. Un tiro libre es más que un momento técnico: es una imagen fija en un partido que por lo demás nunca se detiene. El público aguanta la respiración. La barrera se forma. El portero se prepara. Y entonces un jugador lo decide todo con su pie.
Rivelino fue el primer gran maestro de esa disciplina en un Mundial. Messi es quien puede hacerse con su legado.
Rivelino: la explosión desde la izquierda
Roberto Rivelino jugó para Brasil en los Mundiales de 1970 y 1974. No era el más rápido ni el más alto. Pero su pie izquierdo era un arma que los porteros de su generación nunca habían visto. La potencia con que golpeaba el balón, combinada con una rotación inesperada, hacía sus tiros libres casi imparables.
En 1970 ganó el título mundial con Brasil en el legendario equipo con Pelé, Jairzinho y Tostão. Sus tiros libres eran un elemento fijo del arsenal ofensivo. En 1974 Brasil fue menos fuerte, pero Rivelino seguía siendo peligroso en las jugadas a balón parado.
Su récord en Mundiales de goles directos de falta estuvo durante décadas como referente de quién era el mejor en las jugadas a balón parado en el mayor escenario.
Messi y el tiro libre como obra de arte
Messi había dejado pasar durante mucho tiempo sus tiros libres en Mundiales. En sus primeros años como jugador de Copa del Mundo fallaba jugadas a balón parado en las que el equipo confiaba. El tiro libre no era su arma preferida, no era el momento en que el equipo le buscaba.
Eso cambió. Con los años el tiro libre de Messi se volvió más preciso, más controlado y más peligroso. En Catar 2022 marcó varias veces desde parado. Su técnica — un balón bajo y curvado hacia el palo largo — encajaba perfectamente con su estilo: aparentemente tranquilo, luego imparable.
60+
goles de falta
carrera de Messi en clubes
1970
y 1974
los Mundiales de Rivelino
2022
final de Catar
Messi marcó de falta
“Un tiro libre es un momento de silencio en un partido lleno de ruido. Quien domina ese momento domina el juego.”
En su quinto Mundial en 2022 empezó a cuajar. En su sexto en 2026 tiene la oportunidad de apropiarse definitivamente de las estadísticas. Y ese sexto Mundial es histórico por sí solo: léelo en Messi, Ronaldo y Ochoa: tres leyendas a la vez.
Rivelino golpeaba con potencia. Messi curva con precisión. Dos estilos, un destino: los libros de historia.
La oportunidad en 2026
Messi juega su sexto Mundial. Si Argentina llega lejos, juega un mínimo de seis y posiblemente siete partidos. En cada partido hay tiros libres esperando, según cómo le defiendan los rivales.
Los rivales que conocen a Messi prefieren no darle un tiro libre en posiciones peligrosas. Pero su reputación fuerza errores en los defensas. Cada falta sobre él fuera del área es una oportunidad potencial.
Si marca de falta en el Mundial 2026, en su sexto torneo, tras una carrera que ya ha acumulado decenas de goles directos de falta en el fútbol de clubes: eso no es solo un gol. Es un momento que, cincuenta años después de Rivelino, traza una línea entre dos generaciones.
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Abrir el simuladorEl legado del tiro libre
El nombre de Rivelino no es siempre el primero que sale al hablar de los grandes brasileños. Pelé, Ronaldo, Ronaldinho, Neymar: ellos dominan las conversaciones. Pero entre los porteros de los años setenta, el nombre de Rivelino es una advertencia.
Messi se ha convertido en esa advertencia. Y en 2026 puede demostrar que su tiro libre al máximo nivel, en el momento más decisivo, es lo mejor que ha visto la historia del Mundial.
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